Reflexionando sobre las rúbricas
Esto de ser de la EGB tiene particularidades como la de no haber sido nunca evaluado con una rúbrica, así que cuando escuché la primera vez la palabra rúbrica en el máster me sonaba más al garabato que hace la gente cuando le piden su firma y que confunden con ésta.
Después pensé que en realidad sí que últimamente me han evaluado mediante este método, en la escuela de idiomas y para ponerme nota en las partes del examen que llaman de producción.
Como alumno me parece interesante tanto antes del examen como después. En caso de un cate, sabes perfectamente qué área tienes que mejorar para la siguiente. En caso de un aprobado no solemos mirar atrás.
Las rúbricas que hicimos en clase sí que nos sirvieron un poco a la hora de preparar por ejemplo el vídeo, y te das cuenta entonces de lo importante que es prepararla bien para evitar especulaciones.
Como docente me da miedo que la rúbrica esté mal preparada y que por ese motivo los alumnos le busquen la vuelta y sean capaces de aprobar una asignatura haciendo cálculos más que dominando la materia, aunque también es cierto que permite al alumnado explotar sus puntos fuertes, que al fin y al cabo es lo que el mercado laboral o la vida misma les va a pedir en un futuro.
Fue curioso en algunos casos ver los resultados en función de las rúbricas. Con los carteles por ejemplo, carteles que no te daban bien al ojo cumplían con lo que se esperaba de ellos, así que sí, las rúbricas parecen más objetivas que el ojo del profesor, que no deja de ser subjetivo.
Por tanto sí, las rúbricas me parecen uno de los aciertos de la innovación educativa, porque supongo que en algún momento fueron innovadoras y que como todo, tuvieron sus detractores.



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